Bien. La situación era la siguiente: estaba sin monedas para volverme, con una deuda de 0,25 ctvs, y enamorada del kioskero.
Automáticamente, me dirigí al kiosco de la otra cuadra. Compre unas mentitas (Frutales. Soy alérgica a la menta en estado puro). Conseguí un peso en monedas!. Al menos el viaje lo tenia cubierto, pero a esa altura lo ultimo que me importaba era volver a mi casa.
Aun me faltaba conseguir esos 0,25 ctvs. Me fui al próximo kiosco, pero esta vez debía caminar bastantes cuadras más. Ya ni sabia que comprar, necesitaba esas putas moneditas para volver a verlo. Claramente, no tenían monedas.
Comencé a desesperarme. Seguí caminando, di vueltas. No encontraba otro kiosco. De pronto quería llorar como una nena chiquita pataleando. Pero no, mantuve la calma, sin perder de vista mi objetivo, encontré otro kiosco. Ya ni me acuerdo que compre, creo que chicles. Y conseguí los añorados 0,25 ctvs!!!. Mientras volvía, contaba las cuadras que camine para lograr tener en mi mano ese cabildito plateado. Fueron 12. Y $5 los que gaste entre todo lo que tuve que comprar.
Y volví. Entre, con un aire de diva holiwodense y fui directo a el.
Pepita: Acá tenes tus 0,25 ctvs!
Kioskero: (debo admitir, que estaba sorprendido) Ai… …. … Muchas gracias.
Pepita: De nada.. (Yéndome)
Kioskero: Euu.. Cuando quieras podes volver a verme!
Pepita: Si si, como no!
Si no había gente quizás me animaba a entablar una conversación. Pero les aseguro que volveré, y seré millones

